capitulo 2

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capitulo 2

Mensaje  emilibalaguer el Vie Mar 22, 2013 10:22 am



Luis y Miguel andan por las calles de Olot. Luis no quiere seguir el juego a su amigo pero éste insiste.
--tú di una tía, la que quieras. Elige la que quieras. Mientras no sea un monstruo claro. Inténtalo tú primero, después yo. A ver quién se la tira.
--no --Luis.
--¿por qué? ¿tienes miedo? sabes que perderías--dice él intentando provocándolo.
--porque yo busco otro cosa.
--ya que siempre me jodes con sermones pues te quiero demostrar que esto es lo que quieren ellas.
--Yo no lo creo pero mientras no lo hagas con una que a mí me guste…
--hey, las mujeres son de todos y si ella me elige a mí …---dice pícaro.
Los dos amigos ríen.
--menos mal que no lo digo en serio. Las mujeres que a ti te gustan son demasiado superficiales. No tendremos este problema.
--a mí me gustan todas ----Miguel.
--pero el tipo de mujer que yo busco no se dejaría enredar por un cabroncete como tú.
--¿y dónde la piensas buscar a un convento? ---riendo--- porque el resto... todavía no ha nacido la mujer que me diga no.
--venga --dice dándole un golpe al brazo---- fantasma, te invito a comer.

Por otra parte, Manuela está encima de una cama llorando amargamente. Tiene una foto de su abuela en las manos.
--¿porque me has dejado? ¿Qué haré yo ahora sola? ¿cómo podré salir adelante? Tendré que vivir de la caridad de mi tía.
Mientras en el comedor, Mariana discute con su madre y su hermana.
--pues a mí no me parece bien, ella es la última al llegar. No veo porque ella sí tiene que dormir sola ---Mariana.
--yo estoy cansada, no quiero discutir por este tema. Voy a ver si puedo consolar a esta pobre niña.
Mariana quiere protestar pero Rosario no se lo permite.
--deja a madre tranquila.
--pero es que no es justo. Esto es nuestra casa no de ella.
--no hables tan alto que te oirán---dice Rosario llevándola a la cocina.
--pero es que...
--nada de pero ¿es que no te da pena como llora la pobre?¡
--también era nuestra abuela y nosotros no hacemos este drama.
--pero ella no tenía a nadie más, ha sufrido mucho.
--¿y nosotras qué? Nosotras perdimos a nuestro padre.
--¡basta Mariana¡ si tú no lo quieres entender pues lo siento. Tenemos que hacer lo posible para que Manuela se sienta como casa.
--y ya que le has dejado tu habitación ¿porque no duermes tú con ella?
--porque ella ahora necesita su espacio. No seas así, venga. Parece que no quisieras estar conmigo. Nos lo pasaremos bien juntas.
Mariana no está nada convencida pero no dice nada.

Nuevamente en Olot, Luis y Miguel están en un restaurante. Hablan de sus cosas. Enseguida oyen una voz que les es familiar.
--esto sí que es una sorpresa. Yo que no tenía ganas de cocinar. No me pensaba encontraros a vosotros dos.
Miguel va riendo con disimulo, Luis le da un golpe en el pie para que se comporte.
--¿os pasa algo? ---dice ella.
Los dos amigos se miran con complicidad.
--nada, Daniela ---dice Luis serio.
A Miguel se le escapa la risa.
--¿puedo sentarme con vosotros?
Luis levanta y le retira la silla.
--Muchas gracias -ella.
Luis no deja de mirar regañón a su amigo que no deja de reír.
--gracias, muy amable. Cómo siempre --dice Daniela.
La mujer está sorprendida por como la mira Miguel.
--si molesto... ¿quizás queréis estar solos?
Miguel se levanta y dice con cierta ironía:
--no, mejor me voy yo. No quiero molestar a la parejita.
--tú siempre con tus bromas. Hemos quedado que comeríamos juntos ---Luis.
--por mí no hace falta que marches---Daniela.
--no, es que me ha acordado que tengo cosas a hacer, ya comeré cualquier cosa.
Antes de levantarse, Miguel le deja una cosa en las manos a su amigo. Luis se pone nervioso al ver que es un preservativo. Divertido, Miguel le susurra al oído:
--¿no has dicho que hacía tiempo que no te la tirabas? Pues aprovecha.
Miguel se va dándole un golpe en la espalda. Luis está muy tenso y procura que no se le note. Se esconde aquello en el bolsillo.
--¿qué es? --pregunta Daniela.
Luis tos:
--¿cómo? Perdona?
--he visto que Miguel te ha pasado una cosa que tú te has escondido.
Luis bebe un poco de vino para calmar los nervios:
--no, nada. Es una tontería.
--¿y a él que le pasa? He visto que me miraba raro.
--tú ya sabes que él es un poco raro.
--eso sí que es verdad ---Daniela.

Nuevamente en casa de Antonia, ésta entra en la habitación de Rosario donde ahora está Manuela. Se sienta en la cama y trata de consolarla.
--tienes que encontrar resignación niña.
--no puedo, tía. No puedo. Siento que me moriré.
La mujer le pone la cabeza en su regazo y la va acariciando.
--sé que es muy duro perder a alguien que se quiere pero así es la vida. Yo perdí a mi marido, al gran amor de mi vida y te puedo asegurar que no es una cosa que se pueda soportar. Pero tenemos que hacer de tripas corazón. Por ellos, por nosotros. A ellos no les gusta vernos sufrir.
--sí pero tú tienes dos hijas. Tenías que luchar por ellas. Yo estoy sola.
--tienes toda la vida por adelantado. No te tienes que dejar hundir. Encontrarás un motivo para seguir viviendo, seguro que la vida te reserva cosas muy bonitas. ¿No hay ningún chico en clase que te guste?
La chica hace que no con la cabeza.
--bien, pues ya lo encontrarás y serás muy feliz y tu abuela en el cielo te sonreirá al verte tan feliz. ¿Tú crees que tu yaya puede descansar sabiendo cómo te encuentras?
Con mucha amargura la chica dice:
--la culpa es suya. Yo no quería que se muriera.
--has de entender que estuviera muy triste por la muerte de su segundo hijo.
--pero ya la quería animar y no sirvió.
--pero es que ya estaba muy cansada. Se quedó viuda muy joven con dos hijos. Perder estos hijos fue terrible. Tú le alegraste los últimos años de su vida. Tienes que estar orgullosa. Le había llegado la hora y punto. Tienes que luchar, tienes que luchar por ella. Ahora tu yaya te está viendo desde un lugar muy bonito pero si tú no pones de tu parte no te podrá ayudar.
--yo no creo que haya vida después de la muerte.
--claro que sí. Confía. Algo ha de haber. Yo estoy segura que si te dejas ayudar podrás salir de todo esto. Ahora lo que tienes que hacer es estudiar.
--no pienso volver a clase. Quiero trabajar.
--¡¡pero no puedes hacer esto¡!! Debes estudiar. Es lo que querría tu yaya. Olvida que trabajarás.
--yo quiero trabajar como mis primas, te quiero ayudar.
--yo no lo necesito. A mi hermano, ¿te acuerdas de mi hermano?
--sí, he oído a hablar del tío Manuel que se fue a América a hacer fortuna.
--las cosas le van bien y me ayuda mucho económicamente. No te tienes que preocupar para nada. Lo más importante es que salgas adelante.
--no podré, tía. No podré.
--verás como sí. Verás que pronto aparece a tu vida un buen chico que te hace muy feliz y te ayuda a superar todo esto.

Por otra parte, Luis se viste. Daniela sale de la cama envuelta en una sábana. A ella le extraña verlo tan tenso. Se nota que tiene prisa por marcharse de casa de la mujer
--nunca te había visto así. Ni que fuera la primera vez que te acuestas conmigo.
Mientras se abrocha los pantalones, él le dice:
--es que no sé si esto se correcto. No quiero que te hagas ilusiones. yo...
--no hace falta que sigas. Me has dicho un montón de veces que no quieres un compromiso conmigo.
--y tú tampoco ¿verdad? Es que no querría que...
Ella lo interrumpe:
--si así fuera no habría estado con otros, no?
--pues eso es lo que digo yo --dice sacándose un peso de encima.
--los dos tenemos nuestras necesidades. No hay nada más. Tranquilo.
Luis se va más aliviado. Ella, que se mostraba indiferente, ahora se muestra triste y acaricia con ternura el lugar donde ha yacido con su atractivo amigo.


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