capitulo 4

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capitulo 4

Mensaje  emilibalaguer el Lun Mar 25, 2013 8:51 am


Antonia se encuentra discutiendo con su hija Rosario.
--pues no puedes hacerlo. Yo no te lo pienso permitir.
Mariana escucha la conversación desde un segundo término.
--y esto que no sabes qué sueño sus verdaderos planes ---piensa para ella.
Rosario defiende su punto de vista:
--no te pienso pedir permiso.
Antonia no se esperaba que su hija la desafiara:
--no puedes estar hablando seriamente, niña soy tu madre.
-- venga, mama. No seas así. Yo siempre he hecho lo que querías pero ahora quiero ir de vacaciones.
--¿si pero en México?¡¡¡ esto es muy lejos.
--por eso he ido trabajando, quiero ver la capital de las telenovelas.
--pues al menos espera que tu tío llame y a ver qué dice. Podrías ir a su casa.
--¡él no vive en México, vive en Canadá!!! Además a él no le tengo porque pedir permiso. Casi ni lo conozco.
--él nos mantiene.
--esto es cosa vuestra. Yo trabajo y tengo mis ahorros. Soy mayor de edad. Iré.
--bien pero algo tengo que decir yo, sólo te vas de vacaciones. Parece que no quieras volver.
Mariana tose asustada. Rosario la mira, tiene miedo que su hermana haga algo que la descubra.
--bueno madre, esto depende de ti, que no me tenga que ir en contra de tu voluntad.
--ay hija pero es que...
Rosario la abraza muy feliz:
--¡ay madre¡ no pasará nada. Te llamaré mucho.
Antonia ve a su hija tan feliz que no le dice nada aunque no está nada de acuerdo. Rosario abraza a su madre entusiasmada y se va a su dormitorio.
--tengo que hacer la maleta.
--¿tan pronto?
--me voy la semana que viene.
--¿y porque tan de repente?
--porque no quiero esperar más.
Con la ilusión escrita al rostro, Rosario pasa por el lado de su hermana. Muy inquieta Mariana le susurra al oído:
--todavía estás a tiempo. No lo hagas, a madre le darás un disgusto cuándo...
Rosario la interrumpe con una sonrisa y para que su madre no se dé cuenta de lo que pasa dice en voz muy alta:
--si hermanita, te traeré un regalo muy bonito.
Mariana no dice nada pero con la mirada Rosario le advierte que no hable.

Días después... Manuela se encuentra recluida a su dormitorio. Mira llorosa. Su tía intenta animarla.
--hija, no puedes seguir así. Los días van pasando y tú nada. Tienes que salir adelante. Quizás tendrías que ir al médico, puedes caer en una depresión.
--es que no me importa nada. No puedo tía, no puedo.
--tienes que hacer un esfuerzo. Intenta salir, vuelve a clase. Si pones de tu parte seguro que saldrás adelante.
Manuela siente que ha perdido las ganas de vivir y no sabe cómo recuperar su estabilidad. Llaman al teléfono y Antonia sale de prisa.
--ahora vuelvo, niña. A ver si es Rosario. No me ha gustado nada esto que se haya marchado. Estaré con el corazón en un puño hasta que me llame ---va diciendo la mujer mientras va hacia el teléfono.
--ah eres tú ---dice decepcionada.
La mujer va hablando con su hermano. Manuela oye que hablan de la herencia de su abuela. Es un tema que le interesa y no por el lado económico sino por el sentimental. Se queda de pie, cerca de su tía, esperando que su tía acabe de hablar.
--¿qué dice el tío Manuel, tía?
Antonia mira a su sobrina con culpa. Se siente mal por haber hablado con su hermano con ella delante y que la chica se quede al margen, como si no pintara nada en la vida de su hermano.
--¿qué te pasa, tía?
Antonia intenta mostrarse serena para que la chica no se dé cuenta que algo le angustia.
--nada, estaba hablando de asuntos legales con tu tío.
--¿qué pasa con la herencia de mi yaya?
--ya no podemos reclamar nada. Han pasado más de cincuenta años.
--¿y qué ha pasado? ¿Porque la yaya no reclamó la herencia de su padre? Ella lo quería mucho. Siempre hablaba de él. No entiendo cómo no se ocupó de estas cosas.
--quizás por eso, porque ella lo quería y no quiso su dinero. Además, estaba su hermana. No sé porque la debían de sacar del testamento. Quizás tu yaya no quiso tener problemas con su hermana.
--¿Y quién se lo quedó todo?
--Juanita, la hermana de tu yaya.
--Pero no se hablaba con ella. ¿Porqué no siguieron hablándose encima que renunció a su herencia?
--No le tenemos que dar vueltas. Esta herencia está perdida. Ya no se le puede hacer nada.
--¿porque la yaya no pensó en sus nietas? Nos pudo dejar un patrimonio.
-- tienes que tener en cuenta que en aquel momento tu yaya ni conocía a tu abuelo. Era joven y no vivía en el pueblo. Quizás consideró que la casa le hacía más falta a su hermana. Tu yaya nunca ha vuelto a su pueblo.
--es verdad. De pequeña alguna vez me decía que me llevaría. Me hablaba de la casa de su hermana. ¿Sabes? no conozco el pueblo de mi yaya. Es increíble ¿no?
--ya sabes que desde muy pequeña marchó para ponerse a trabajar.
--sí, mi yaya trabajaba mientras su hermana hacía vida de princesa y encima le sacaron el dinero a mi yaya.
La injusticia que hicieron a su abuela llena de rabia a la chica y la va llenando de fuerzas.
--tu yaya lo quiso así. Si le hubiera interesado el dinero de su padre, lo habría reclamado.
--mi pobre yaya. Siempre se ha matado a trabajar. No ha necesitado que le regalaran nada, pero no es justo. En todo caso la casa tendría que haber sido para las dos.
--no te hagas mala sangre. Ahora no te conviene tener estas enrabiadas. Olvida este asunto del testamento.
Antonia quiere romper el documento pero Manuela no le deja y le arranca el testamento.
--pues no me da la gana. Le robaron a mi yaya y yo no quiero dejar las cosas así.
--pero si no se puede hacer nada.
--¡¡claro que sí!! Le puedo tirar a los herederos este documento a la cara y me tendrán que dar una explicación. Quiero saber porque se quedaron la herencia de mi yaya.
--pero es que la hermana de tu yaya quizás también esté muerta. Esto pasó cuando las dos eran solteras, quizás no saben nada ahora.
El odio está ayudando a Manuela a volver a sentirse viva.
--No me importa si no saben nada. Me tendrán que explicar algo. No quiero que los que han hecho de menos a mi yaya se queden tan tranquilos.
--a tu yaya no le gustaban las venganzas, no le gustaría que hicieras este papel.
--pero ella ya no está y yo quiero que se haga justicia.
--pero es que no puedes hacer nada. Lo tienes que entender.
--yo no entiendo nada.
Antonia habla maternalmente, Manuela es puro odio y rabia.
--pero es que no conseguirás nada.
Antonia le quiere sacar el documento de las manos pero Manuela no la deja:
--quizás tienes razón pero quiero ver si con este documento en las manos aquella gente me negará entrar en la casa de mi yaya. Quiero conocer la casa donde nació, quiero visitar la tumba de sus padres. Aunque la yaya no era de ir a los cementerios yo quiero ir. Me quiero asegurar que esta tumba esté bien cuidada.
--yo te acompaño.
--No, quiero ir yo sola.
--pero...
Manuela no la deja hablar.
-- quiero ir sola.
Manuela está muy decidida y Antonia pues no le dice nada.

Aquel fin de semana, con la tristeza al corazón pero ilusionada por conocer el pueblo de su abuela Manuela va hasta Olot en autocar. Son casi tres horas de viaje. Se le hace pesado pero una vez llega se le olvidan todos los males. Se siente bien al llegar. Dolida con la vida, triste pero le gusta estar en la tierra de su abuela. Es como si se sintiera más cerca de ella. Se dispone a preguntar el camino del cementerio. Se acerca a un hombre que hay a un semáforo.
--perdone, ¿me podría decir...?
Este chico se gira, es Luis. El hombre se queda mirando aquella desconocida fascinado. Ella no le presta atención. Le pregunta lo que quiere pero él no la escucha. La mira deslumbrado. Es como si alguna energía interna de la chica hubiera atravesado el corazón. La mira y suspira.

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