capitulo 10

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capitulo 10

Mensaje  emilibalaguer el Lun Mar 25, 2013 10:05 am


Miguel y Luis están juntos en la oficina. La tensión es evidente.
--venga, ¿todavía te dura? --Miguel.
--no sé de que hablas.
--de Manuela.
A Luis le altera demasiado escuchar el nombre de aquella chica. Aunque no lo quiera reconocer, la chica se le había metido demasiado en dentro y la herida es muy grande.
--¡¡no quiero escuchar hablar de esa golfa!!! Yo no la conocía. Me cegué por su belleza pero gracias a ti he abierto los ojos. Ya han pasado muchos días, de hecho yo no me acordaba ya.
--¿Porque estás enfadado conmigo pues?!
--Yo no estoy enfadado contigo, son manías tuyas.
Luis evita mirar a su amigo a los ojos. No quiere que él se dé cuenta de la pena que trae dentro. Miguel se sienta encima de la mesa y con su despreocupación intenta animar a Luis. No le gusta que esté enfadado con él.
--Yo te conozco, desde aquel día estás raro.
Luis lo mira mal. No quiere recordar lo que pasó.
--ya te he decir que no me importó --Luis.
--pero yo sé que sí. Tú estabas enamorado de esa perra pero no valía la pena. Tú sabes cómo soy y no supe decir que no pero si llego a saber que te enfadarías conmigo pues la envío a la mierda por mucho que insistía. De tías sobran en el mundo y no merece la pena perder un amigo. No quiero que estés enfadado conmigo.
--En realidad estoy enfadado contigo y conmigo. Tú has hecho lo de siempre. Fui yo. Tú tienes razón. Soy demasiado idealista. Tú no tienes la culpa que las cosas no sean como mí me gustaría.
--tú lo que necesitas es un buen polvo. Esta noche vamos de marcha, seguro que los dos mojamos. Si sólo encontramos una pues para ti, para que veas que soy un buen amigo.
Miguel sonríe con cara de bueno y Luis no puede estar molesto con él.
--tranquilo, ya se me pasará.
--claro que sí, tú lo que necesitas es una buena repasada. Ya hace tiempo que no salimos juntos. Nos lo pasaremos de vicio.
--mejor otro día, ahora prefiero estar solo.
--me harás sentir culpable, ya verás que te sentirás mejor cuando te lo montes con una tía buena.
--ya sabes que a mí no me gusta hacerlo con mujeres que no conozco.
--pero es que las mujeres no son para conocerlas sino para disfrutar de su cuerpo, no puede ser que después del que te ha pasado con aquella zorra todavía tengas aquellas ideas tan raras.
Luis fuerza una sonrisa:
--quizás sea verdad que la mujer que yo quiero no existe.
--claro que sí.
--pero esto no quiere decir que sea una bestia y me tenga que guiar por los instintos. Tú sabes que a mí nunca me ha ido aquello de hacerlo con alguien que no conozco, simplemente no puedo.
--bien pero está Daniela. Ella tiene ganas de estar contigo. Tú lo que necesitas es desahogarte.
--quizás tienes razón, quizás la llame.
--eso, aprovecha que la casa esta noche será sólo tuya para chingar con tu secretaria. ¿Quieres que le diga que te venga a ver?
--no, no. Deja que yo resuelva mis problemas. No me dejes en ridículo.
--yo sólo te quería ayudar. Estoy preocupado por ti, no es bueno hacer tan poco ejercicio sexual.
--pues no hace falta que te preocupes y ahora a trabajar.
--si, jefe ---dice Miguel muy divertido y saludándolo militarme.
Este gesto hace sonreír a Luis de lo que Miguel se alegra y se va más tranquilo. Luis se queda triste pensando en Manuela.
--Manuela, Manuela.
Recuerda con tristeza la primera vez que la vio. Con rabia tira todos los papeles de la mesa.
--¿porqué?¡ porqué? Me trataste como si yo quisiera abusar de ti y en cambio tú...
El rostro del hombre se llena de lágrimas. Se abre la puerta. Él gira la butaca. Entra Daniela. La mujer se sorprende mucho por los papeles en el suelo. Los empieza a recoger. Mientras Luis seca el llanto.
--¿qué es el que ha pasado?
--nada, ya lo recojo yo.
Daniela no le hace caso y deja los documentos encima de la mesa. Entonces hace girar la butaca para tener su amante frente a frente.
--¿quieres que nos veamos esta noche? Podríamos cenar en mi casa. Te veo muy estresado últimamente. Yo también estoy sola. Siempre nos va bien acompañarnos.
Luis está tentado pero el recuerdo de Manuela se lo impide.
--ahora no sería una buena compañía para ti.
Ella se le acerca con deseo y empieza a hacerle un masaje:
--te vendrá bien distraerte, para eso estamos los amigos.
--no, he estado pensado y no me parece justa esta relación que tenemos tú y yo.
Daniela está feliz de estar cercar del hombre. No le importa el tipo de relación que tengan, lo que más le importa es no perderlo.
--a mí no me importa, a mí ya me está bien.
--pues a mí no. Yo nunca te tomaré en serio y no quiero que pierdas el tiempo conmigo. Tú vales mucho y no quiero que te tengas que conformar con ser de un tío que sólo te quiere para echar un polvo de vez en cuando.
Luis habla con dureza y sus palabras hacen daño a Daniela. No quiere que él se dé cuenta que le gusta él en serio. Se separa de él.
--lo siento, no te quería molestar.
Daniela se va hacia la puerta muy triste. Luis se arrepiente de haberla hablado así. Se levanta y la abraza. Ella vibra por estar entre los brazos de su atractivo jefe.
--perdóname, es que estoy de mal humor. Será mejor que en unos días no nos veamos fuera de la oficina. Te prometo que un día de estos te invito a comer.
Luis le da un beso a la mejilla y Daniela se va más tranquila. Una vez se ha quedado nuevamente solo, Luis sufre pensando en Manuela.
--¿porque me has hecho esto? ¿Porqué?¡¿ porque te me has metido tan a dentro para matarme de dolor? ¿Por qué no puedo sacarte de mi cabeza?

Por su parte, Mariana recibe una llamada de Rosario.
--niña, ya era hora. Tienes a madre desesperada sin saber si estás viva o muerta. ¡qué mal que le sabrá no haber estado pero es que fue al médico con Manuela que no se encuentra nada bien¡
Rosario no la escucha. Llora. No quería llorar con su madre sino con su hermana.
--así que las cosas te van mal. Seguro que no has podido hablar con aquel hombre ¿no? Vuelve a casa y olvida esta tontería.
--No Mariana. No puedo volver a casa, ya no volveré nunca más.
--no me asustes. Si madre te oye... si no estás bien tienes que volver.
--es que no me quiero marchar. Aunque quisiera él no me dejaría marchar.
--¿Quién es él?
-- Sergio, el motivo de mi viaje.
Mariana no entiende nada. Su hermana está demasiado triste para pensar que su sueño se le ha cumplido:
--¿porque dices esto?
--porque estoy embarazada, espero un hijo de Sergio.
--¡no puede ser, ¿tanto pronto?¡
--ni me lo recuerdes.
--ya te lo decía yo que era un burrada ¿y ahora qué? ¿Qué harás? Seguro que él no quiere saber nada de su hijo.
--pues te equivocas. Me viene a ver cada día, me ha puesto un piso y me llena de regalos para el niño y yo cada día estoy más enamorada de él.
--¿y entonces? ¿Cuál es el problema?
--que desde el día que supo que esperaba un hijo suyo él sólo tiene ojos por su hijo y yo como si no existiera. Yo sabía que esto pasaría pero... ¿por qué ha tenido que pasar tan pronto?

Manuela se ha dejar arrastrar por su tía al médico.
--desde que murió mi suegra esta niña no hace nada de bueno y además lleva unos días muy extraña.
--ahora con los análisis de sangre veremos qué le pasa.
Los abre y los lee. Después mira fijamente a Manuela.
--¿pasa algo, doctor? ---Antonia preocupada.
--no, esta niña no tiene nada de malo.
--ya te lo decía yo tía---Manuela.
--pero su malestar irá en aumento.
--Cómo? ¿porqué?--las dos.
--Manuela, estás embarazada.
Esta noticia toma demasiado de sorpresa a Antonia.
--niña, ¿qué has hecho?¡
--¡no puede ser, no puede ser¡ --dice Manuela horrorizada.
--pues lo es y si has tenido relaciones sexuales sin protección pues no te tienes que sorprender de nada --doctor.
--¿cómo has hecho una cosa así?¡ --le reprocha Antonia.
Manuela piensa en Miguel y llora.
--¡¡No puede ser, no puede ser¡ --grita con angustia.

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