capitulo 20

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capitulo 20

Mensaje  emilibalaguer el Miér Mar 27, 2013 8:39 am

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Miguel se ríe del problema de Luis:
--es que yo siempre te lo he dicho para las mujeres eres un inútil.
Luis, que está demasiado triste, no tiene ánimos para los comentarios de Miguel.
--yo soy como soy, no le puedo hacer nada.
--sí pero lo que no te pase a ti... es que debes de ser el único hombre que no chinga en su noche de boda.
Luis sentado en su butaca, las piernas estiradas. Habla muy amargado.
--no creo que haya muchos hombres que se casen en las mismas circunstancias que yo.
--esto es verdad pero es que no sé cómo se aguanta pasar toda una noche durmiendo con una chica sin poder hacerle el amor. Es para volverse loco.
--es que dormimos en habitaciones separadas.
Miguel se levanta, estaba sentado en la mesa. Se pone delante de la butaca. Un poco inclinado para mirar a su amigo.
--¿qué? ¡Tú eres tonto o te haces?¡
--¿y qué quieres que le haga?
--que te impongas, que esa niña malcriada no piense que puede hacer contigo lo que quiera.
--yo quiero que esté tranquilla y bueno, duermo en la habitación que era la tuya.
--¡Ay menos mal --dice con ironía-- esto es lo mínimo. Sólo faltaría que te dejaras poner en la buhardilla. Venga, vamos a tomar algo para esperar a comer que te daré un par de consejos.
--mejor no.
--claro que sí. Si me haces caso a mí, ya verás que esta noche hay polvo.
Luis mira a su amigo con una honda tristeza mientras se levanta.
--¿tú no entiendes que yo quiero que me ame? y esto no pasará de hoy para mañana.
Los dos amigos van hablando mientras salen de la oficina.
--esto no pasará nunca si no le pones remedio. Tú lo que tienes que hacer ahora es ir a una joyería y le compras una bonita sortija. Es tu mujer. Así marcarás tu propiedad. Además que a todas las mujeres los encantan las joyas.
--esto es un truco demasiado viejo para convertir una mujer en tu amante. Ella pensará que lo único que quiero es sexo y no es verdad.
Miguel le pone la mano en los hombros. Le guiña el ojo.
--haz caso al experto.
--además no me gustan las mujeres que se dejan deslumbrar para las joyas. No quiero que Manuela sea de estas.
--Manuela es cómo es y no como tú quieras.
--me es bien igual. Haré las cosas a mi manera.
--así no llegarás a ningún lugar.
--¿y dónde has llegado tú? A sexo? Nunca has tenido el amor de una chica y a este paso nunca lo tendrás.
Miguel se le ríe.
--¿y para que lo quiero?
--pues yo si lo quiero. Quiero el amor de Manuela.
--pues mucha suerte. La necesitarás --riendo.
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Cuando los dos amigos se despiden, Luis vuelve a casa de Manuela. Antes pasa para en un puesto de flores y compra un ramo. Llega nervioso. Manuela está al sofá. Él la saluda pero ella lo ignora. Él se le pone delante y le muestra sonriendo las flores. Muy distante ella le dice:
--¡no eres transparente, estoy viendo la tele, que no lo ves?¡
--si perdona. --dice él poniéndose de lado.
Luis le pone las flores en el regazo.
--¿qué es esto?!
Él sonríe tímido:
--flores.
Ella no lo mira, lo desprecia.
--ya lo sé pero ¿qué hacen sobre mi regazo?¡
Él está muy nervioso:
--las he comprado para ti.
--¿y para que has hecho esta tontería?
Luis se pone triste al ver que a la chica tampoco ha valorado este detalle suyo:
--es que había pensar que te haría ilusión.
--¿¡y para que piensas si no tienes cerebro?¡
--tampoco me tienes que tratar así. Si no te gustan pues las tiras y punto.
Manuela se levanta con el ramo en las manos:
--¡¡tú y yo no estamos de idilio así que no tienes por qué regalarme flores. Sé que estás desesperado, ya me imagino que con esta cara no debes de tener ninguna chica que quiera joder contigo pero yo antes muerta. Has hecho mal negocio conmigo ¡
--yo no quiero sexo de ti triste.
--pues perfecto ¡¡olvídame!!
Con mucha frialdad Manuela abre la ventana y tira las flores a la calle. Luis se traga su dolor.
--¡¡espero que te quede claro que no te quiero ver, no quiero que estés siempre detrás mío. Esta es mi casa y no tuya, así que mejor tú te encierres donde quieras y mi ni miras a la cara!!
Él no dice nada. Se dirige hacia la habitación.
--¡tienes la comida en la cocina!!! --le dice ella bruscamente.
--gracias seguro que será buenísimo --dice él con una sonrisa.
--¡¡claro que está bueno y no me dé las gracias. No lo he hecho yo. Si te tuviera que hacer la comida te pondría mata-ratas!!
Él procura no dar importancia a las palabras de la chica. Va a la cocina. Coge el plato y se acerca al comedor.
--¡¡que haces?!
--comer.
--¡¡por algo lo hemos dejado en la cocina, quiero ver la tele y no quiero aguantar tu presencia!!.
--¿y esto será siempre así? --él triste.
--¡si no te gusta ya sabes dónde está la puerta!!
Triste pero paciente, Luis, con su plato en la mano, se dispone a ir a la cocina. Manuela le dice muy enfadada:
--por cierto, ¡¡quiero que te cambies de habitación!
--¿porqué?
Ella habla siempre rabiosa.
--¡¡no te quiero tener cerca mío. Quiero que duermas en la habitación que hay en la buhardilla, así no me molestarás!
A Luis le hace mucho mal el rechazo de ella pero más le angustia que se quede sola.
--no me parece prudente, estás embarazada ¿y si necesitas algo? no te quiero dejar sola.
--¡y no lo estaré. La chica de servicio que has buscado es muy amable, le he pedido que viva con nosotros y ha aceptado. Dormirá en la habitación que has ocupado tú ahora, así que espero que la desocupes lo más pronto posible!
--pero ¿porque lo has hecho? ¿Para qué le has dicho de vivir aquí?
Él habla tranquilo pero triste, ella siempre a gritos. Siempre amargada.
--porque no quiero estar a solas contigo. ¡Ves a saber de lo que eres capaz de hacerme ahora que te crees mi marido!
--soy tu marido.
--¡no por mi gusto. Espero que no consideres que no tengo derecho a tomar esta decisión. Ya que estoy ligada a ti espero que este infierno sea lo menos pesado posible!
--Puedes hacer lo que quieras en esta casa. Pongo mi dinero en tus manos. Puedes gastar el que quieras, para eso eres mi mujer.
--¡perfecto, pues ya puedes salir de aquella habitación, esta tarde la chica trae sus cosas y no te lo pido...te lo ordeno como la única dueña de esta casa!!
--está bien. Ahora recojo mis cosas.
--¡no hace falta que sea ahora mismo dice fría-- puedes comer antes!!!
--no tengo hambre --dice él triste.
El chico deja el plato en la mesa y se va a la habitación.
--¡pues perfecto!!
Tras decir esto, Manuela coge el plato y lo vacía en la basura.
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Haciendo un esfuerzo para no llorar, Luis recoge las pocas cosas que había guardado. Coge su maleta y se va a la planta de arriba. Es el desván pero está acondicionado como zona de invitados. Es una habitación independiente con un pequeño baño propio. Queda apartada de la casa. Yace en la cama. Llora.
--¿porque no me das una oportunidad, porqué? Yo sabía que sería difícil pero no me esperaba que fueras tan dura. ¡Qué se supone que te he hecho yo para que estés tan amargada? Yo sólo quiero que seas feliz ¿Es que no te das cuenta? Yo sabía que sería difícil hacerte entender cuánto te amo pero no esto. No esperaba vivir en un campo de batalla. ¿Cuándo te cansarás de humillarme? ¿Cómo podré hacerte sentir todo lo que te quiero si no me das una oportunidad?
El rostro se le llena de lágrimas. Las tripas le suenan pero no quiere bajar. Le hace mucho mal el desprecio de su mujer. Cuando ya no puede más baja. Ella no se ve en ningún lugar. Por un lado le sabe mal que ella se marche sin decirle nada, que haga cómo si él no existiera, y por otro le tranquiliza que no esté para así poder descansar de los ataques de su mujer.
--almenos podré comer tranquilo --se dice.
El hombre va a la cocina. Ve su plato vacío. No tarda en darse cuenta que su mujer ha tirado la comida. Esto es una puñalada más. Abre la nevera, ve que no hay nada.
--genial --dice él molesto.
Tiene mucha hambre así que opta para pedir una pizza. Se la come tranquilo. Manuela todavía no ha vuelto, así que se dispone a conocer la casa. Se para ante la habitación de ella. Por un lado quiere entrar, tiene curiosidad de ver las cosas de ella. Por otro lado le hace respeto:
--si ella te ve... bueno sólo un momento.
La chica ya ha guardado la mayoría de sus cosas. Hay algunas fotos en el tocador. Él las mira emocionado. Son fotos de la chica con su yaya, de la yaya sola. Él mira una.
--¿qué ha pasado con esta Manuela? --dice mirando la cara de felicidad de la chica.
Acaricia la cara de la chica enamorado. No deja de mirar la foto:
--¡¡que feliz era. Ya me gustaría verte así por mí. Si te hubiera conocido antes.
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